sábado, 21 de febrero de 2015

No hay tiempo para nada que no sea esencial

Esta semana nos despertamos con una carta de despedida escrita por el médico Oliver Sacks, el neurólogo que escribió el libro Despertares, base inspiradora de aquella película protagonizada por Robin Williams y Robert de Niro, que relataba la historia real del descubrimiento en 1969 de los efectos benéficos temporales de un derivado de la dopamina para enfermos catatónicos.

Sacks sufre cáncer de hígado y quiso desde las páginas del diario New York Times despedirse de sus lectores para explicar, desde lo más profundo, que a partir de ahora iniciaba, de manera forzada, su etapa de final de vida. “Depende de mí ahora elegir cómo vivir los meses que me quedan. Tengo que vivir de la manera más rica, más profunda, más productiva que pueda”, asegura.

“En los últimos días, he sido capaz de ver mi vida desde una gran altitud, como una especie de paisaje, y con un profundo sentido de la conexión de todas sus partes. Esto no significa que estoy acabado con la vida. Por el contrario, me siento intensamente vivo, y quiero y espero que en el tiempo que queda pueda profundizar mis amistades para decir adiós a los que amo, escribir más, viajar si tengo la fuerza, alcanzar nuevos niveles de comprensión y perspicacia. Esto implicará audacia, claridad y hablar claro; tratar de enderezar mis cuentas con el mundo. Pero ya habrá tiempo, también, para la diversión (e incluso algunas tonterías, también). No hay tiempo para nada que sea superfluo. Debo concentrarme en mí, mi trabajo y mis amigos”, prosigue en su emotiva despedida.

Hay algo que sigue fascinándome de todas aquellas personas que se encuentran en la situación de Sacks. No es la primera vez que en este blog hablo de ello. Porque es muchas veces al final de la vida, cuando uno acaba cogiendo una perspectiva real de lo que importa en la vida: en esencia las personas que nos rodean y el tiempo que hemos dedicado a elles y a nosotros mismos.

No hay tiempo para nada que no sea esencial. Y a esas horas yo me pregunto: ¿Si ello es lo que aprendemos de personas que encaran la muerte con valentía, porque los que nos quedamos no nos aplicamos de una vez por todas esta sabia lección? 

domingo, 11 de enero de 2015

¿Cómo afrontar tu duelo cuando la muerte ajena te toca de cerca?

“Aparte de la pérdida de un ser querido, al poco tiempo has de seguir trabajando en lo mismo. El tiempo de duelo personal es más largo. Ni somos más duros ni somos más débiles, seguimos siendo personas”. Estas son algunas de las reflexiones que profesionales de Servicios Funerarios de Barcelona trasladan al ser preguntados por el impacto de la muerte de un familiar o amigo y la repercusión en el día a día de su trabajo.

¿Cómo pueden dar apoyo, consuelo, dirigir una ceremonia y estar al lado de las familias cuando ellos, hace pocos días, han perdido un ser querido? ¿Cómo lo hacen? ¿Los años de profesión curten o te hacen más sensible a la muerte?

En este vídeo, elaborado por Duelia con el apoyo de Grupo Mémora, asesores personales, un capellán, un músico, un tanatopractor, un conductor de coche fúnebre, y técnicos de protocolo y ceremonias contestan a estas preguntas. Las técnicas, habilidades, conocimientos y experiencias profesionales de todos ellos pueden ayudar a afrontar una situación de muerte cercana, pero no es así en todos los casos.


Todos los testimonios muestran como el rol profesional y personal se retroalimenta de manera constante. A veces, los conocimientos profesionales se desmoronan y no sirven de nada en el momento que uno se enfrenta a la muerte de un familiar. “Fui incapaz de saber qué tenía que hacer con los trámites ante la muerte de mi madre”, explica Marc Castillo, asesor personal de Grupo Mémora, con una larga experiencia en el ámbito de la tramitación.

En otros casos, algunos profesionales afirman que vivir un proceso de final de vida y de duelo complicado, como la muerte de un hijo o de los padres, les han tocado tan internamente que han impactado en su vertiente profesional, a la hora de dar apoyo y soporte a las familias.
Es por ello que la formación, los espacios de reflexión entre los profesionales y los puntos de discusión y encuentro siguen siendo esenciales para elaborar el propio duelo y levantarse para poder ayudar a quienes también lo sufren y requieren apoyo.

La clave está en trabajar la vertiente personal, pero también profesional para afrontar la muerte o el proceso de duelo, sea ajeno o cercano. Hay mundos que a veces no son tan indivisibles, porque aunque uno tenga la conciencia de ponerse en su rol profesional, sigue siendo la misma persona y su interior emocional es compartido. 

domingo, 21 de diciembre de 2014

Cuando hay que afrontar la Navidad con la gran ausencia


La Navidad está a la vuelta de la esquina y con ella todas las celebraciones y tradiciones familiares. Largas y copiosas sobremesas, entregas de regalos, preparaciones de sabrosos platos y compras para hacer de pajes de los Reyes Magos o de enviados de Papa Noel. 

En fin, esto es para muchas familias el prototipo idílico de las fiestas de Navidad, pero ¿qué hacer cuando debemos afrontarlas con la ausencia de alguien muy querido?

Es probable que la Navidad sin este ser querido, especialmente si se trata de alguien muy próximo, como la pareja o el hijo, ya no vuelva a ser la misma. Esto seguro. Pero el primer año, para qué negarlo, será el más difícil, el más complicado. Superarlo forma parte del proceso, del duelo.

Emi Armengol, en su libro ‘Una silla vacía’ (Pagès editors) explica en primera persona la primera Navidad con la ausencia de su hijo.

“Me costó muchas pasar las primeras Navidades sin tí, hijo. Cuando llegaban estas fechas me sentía inmensamente triste. Pero con el tiempo y muchos esfuerzos éste vacío y éste dolor han dejado paso a una inmensa estimación, a una añoranza intensa, a una sensación de presencia dentro de mí. Hoy, día de Navidad te pienso especialmente y en todos los días de Navidad que te sobreviva será así. Ésta es la tercera Navidad sin ti. Hoy alzo los ojos y recuerdo el escenario en el que tú también estabas. Repaso momentos pasados y siento tu voz que pregunta: ¿Quién viene a comer hoy? También escucho tu risa cuando abrías un regalo especial. Y yo abría vuestros regalos. Y poco a poco tomo consciencia de un sentimiento que está dentro de mí: nadie podrá quitarme el trozo de historia que hemos compartido. Ahora me siento preparada para afrontar la Navidad y el resto de días que me queden”.

¿Pero qué hacer con la silla vacía? ¿Qué actitud tomar cuando lo que se siente dentro es tristeza? ¿Cómo deben gestionarlo el resto de allegados? ¿Hay que permanecer anclado en la tradición y comportarse como si nada hubiera pasado o afrontarlo con entereza y si fuera el caso hablarlo abiertamente y recordar a la persona que ya no está entre nosotros?

La respuesta está en los sentimientos de cada persona. Hay quien optará por la huida e irse de viaje lejos de las mesas familiares, otros por incorporarse a las tradiciones de siempre o por buscar la mano de los amigos y de los más allegados.

Lo importante es decidir según los sentimientos de cada uno y sobre todo no juzgar a nadie por sus decisiones. Y si una vez en la mesa tenemos ganas de recordar a la persona, pues recordad. Y si en vez de ello, queremos llorar, pues llorad.

En los próximos años seguramente sirva echar la vista atrás, pero no para revolcarse en el dolor, sino para reflexionar sobre el avance de nuestro proceso de duelo. Puede que al fin, con el paso del tiempo, percibamos esta silla vacía con una profunda estimación, con añoranza, pero sin dolor. Y especialmente con serenidad.

Me cuesta imaginarte para siempre ausente.
Tantos recuerdos tuyos se me acumulan
que no dejan espacio a la tristeza
y te vivo intensamente sin tenerte.
No quiero hablarte con voz melancólica,
tu muerte no me quema las entrañas,
ni me angustia, ni me quita el deseo de vivir.

Libre d’absències (Libro de ausencias), de Miquel Martí i Pol (1929-2003)

domingo, 16 de noviembre de 2014

Definitivamente hay que hablar del suicidio

Sólo hace algunas décadas atrás la violencia de género era tabú. El maltrato a la mujer, que en ocasiones podía acabar con su muerte, socialmente se aceptaba como episodios íntimos que se vivían en el seno de la pareja. ¡Cómo ha cambiado desde entonces, como mínimo en las páginas de los diarios, en la televisión y en la radio!

¿Pero qué pasa con las muertes por suicidio? Leía hace una semana en La Vanguardia que en España fallecieron por esta causa 3.539 personas en el 2012, frente a las 1.915 que lo hicieron por accidente de tráfico. Mientras que de estas últimas se habla, y mucho, de las primeras no. Se silencia su  muerte. ¿Por qué?

La respuesta la daba en el mismo artículo la presidenta de la Asociación Después del Suicidio–Asociación deSupervivientes (DSAS), Cecília Borràs, quien aseguraba, que la mayoría de periodistas confiesan que los  manuales de estilo prácticamente “prohíben” abordar el tema del suicidio por el supuesto efecto cadena.

Yo sigo firmemente convencido que hay que romper con este silencio, ¿pero cómo hacerlo? Pese a que la comunicación, gracias a la irrupción de Internet y especialmente de las redes sociales, es cada vez más compartida por los ciudadanos, los medios de comunicación todavía juegan un rol clave en el asunto.

Días después de leer esta información decidí abrir el debate entre mis más allegados, entre ellos una periodista, que ha trabajado durante años en varios medios de comunicación y que ha vivido en su propia piel esta norma, en ocasiones no escrita, de no informar de los fallecimientos por suicidio.

Me explicó entonces algo para mi desconocido. Habitualmente, las noticias de suicidios llegan a las redacciones de los medios de comunicación a través de los periodistas de sucesos, quienes trabajan codo a codo con los bomberos y los cuerpos de seguridad. Profesionales acostumbrados también a moverse en los pasillos de los juzgados, a escudriñar los detalles de asesinatos, estafas y robos. Es su cometido.

Si en algún momento, excepcionalmente, se trata el suicidio es en este entorno, por lo que se entra en el riesgo de entrar en detalles trágicos y de acrecentar el morbo.

Un problema de salud pública

Pero los datos están ahí y en los últimos años algunos expertos sanitarios han empezado a dar un toque de atención sobre el impacto de este tipo de muertes y el dolor, el vacío y la incomprensión que, en ocasiones, viven los que deben seguir conviviendo con ello.

Así que en los medios de comunicación se ha empezado a cambiar el enfoque porque poco a poco, aunque sea a pasos lentos, empiezan a ser los periodistas especialistas en el ámbito de la salud y en programas de cierta sensibilidad social donde se empieza a abordar el suicidio, como un problema de salud pública, que es lo que es. ¿Será está la vuelta de tuerca necesaria para que definitivamente se hable de ello?  

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Cadena de favores

Trabajar creando nuevos servicios para romper el tabú de la muerte desde el sector funerario casi siempre implica verte envuelto en historias de dolor, y en ocasiones de incomprensión, pues la muerte no es fácil para casi nadie. Pero a veces, de una vivencia dura, como enfrentarse a la muerte de un hijo, salen historias maravillosas, como la de una mujer extranjera, sin recursos, que hace poco perdió su bebé de 38 semanas en un hospital de Barcelona.

La joven había esperado pacientemente poder obtener las huellas de los pies de su hijo, tal y como le habían prometido en el centro hospitalario, pero las prisas y, en ocasiones, los olvidos jugaron en su contra. En el hospital ya no se podía hacer nada, puesto que el cuerpo del bebé se encontraba en la funeraria.

Y de golpe, la mujer contactó, llorando, desesperada, con Laura, la empleada de la oficina funeraria, situada en el hospital, que la escuchaba con detenimiento. Se trataba de una historia especial, que la removió por dentro y decidió buscar la implicación de sus colegas para alentar los sollozos de aquella joven.

Días después, Laura explicó el caso a Myriam y ambas decidieron ponerse en contacto con otros compañeros de la empresa para conseguir las huellas del pie del pequeño y plasmarlas en un papel. Estaban decididas a dar una pequeña sorpresa a la mujer, algo que, seguro, le ayudaría a procesar su duelo. 

Buscaron junto a un compañero del almacén un estoque de unos recordatorios ya descatalogados para poder impregnar las huellas y escogieron una frase adecuada, y finalmente, optaron por un emblema de El Principito de Antoine de Saint-Exupéry.

Un osito de peluche y un gorro en el féretro

Pero su implicación fue más allá. Consiguieron, con la colaboración de más personal, que la mujer pudiera estar presente en el entierro de su hijo, algo poco común en el caso de personas que pierden a su bebé antes de nacer y que, por falta de recursos, se ven obligadas a hacer un entierro de beneficencia. De esta manera, la madre podría despedirse de su hijo y colocar, dentro del féretro, un gorro y un osito de peluche, tal y como había pedido.

Semanas más tarde, unas amigas de Laura también decidieron apoyar la causa y pagaron de su bolsillo una joya con la huella dactilar del pequeño, algo que la joven no se había podido permitir económicamente.

Y finalmente llegó el día del entierro. Con la excusa de entregarle una documentación a la madre, Laura y Myriam quedaron con la mujer y le entregaron un marco con el recordatorio y las huellas dactilares y una pequeña caja con un mechón de pelo de su hijo. Su cara era de sorpresa, emoción e incredulidad. No se lo podía ni creer y se deshizo en agradecimientos a quienes se habían implicado para hacerlo posible.

Durante aquellos días mi compañera Myriam me explicó la historia y especialmente cómo se sentía por dentro: “Mientras lo preparábamos, todos teníamos un sentimiento de plenitud, de confort, de saber que estábamos haciendo una buena labor. Aquellos días nos íbamos encontrando con la participación, colaboración y el entusiasmo de algunos compañeros, al igual que el rechazo o la incredulidad de otros”, aseguraba.

Juntos hicieron posible un pequeño deseo con la implicación entusiasta de un grupo de personas conmovidas por aquella vivencia. Tal y como la misma Myriam confesó, todos ellos, por un momento, durante aquellos días se sintieron protagonistas de la película Cadena de favores

“¿Cómo puedes trabajar en una empresa de servicios funerarios? ¡Yo no podría vivir tan de cerca la muerte!”, me confiesan casi siempre algunos amigos y familiares. Experiencias como ésta no sólo reconfortan, sino que diariamente me reconcilian con mi objetivo profesional: humanizar el abordaje ante la muerte. 

Post dedicado a Laura Piedra, Myriam Julià y al resto de compañeros de Serveis Funeraris de Barcelona – Grup Mémora que hicieron posible esta cadena de favores y especialmente a Laura y Myriam por escribir la primera versión de esta experiencia y prestarme esta historia para el blog. 

jueves, 19 de junio de 2014

¡Nadie se acostumbra a la muerte!

© José Irun
¿Quiénes trabajan en una empresa de servicios funerarios se acostumbran a la muerte? Ésta es una de las preguntas que algunos de los profesionales que dirigen las ceremonias laicas reciben frecuentemente por parte de los amigos y familiares de los difuntos al finalizar estos eventos.

Pues no, nadie se acostumbra a ello: ni quienes dirigen las ceremonias laicas, ni aquellos que deben gestionar los últimos trámites antes de la despedida ni tampoco quienes ofrecen las flores, la música, el féretro, las esquelas y los recordatorios que suelen entregarse para dar el adiós a nuestros seres queridos.

Me ha hecho pensar en ello mi compañera Amelia, cuando esta tarde, desde su más sincera espontaneidad, reflexionaba ante ello frente a las personas que hoy se han reunido en el tanatorio de Les Corts de Barcelona para participar en el IV Memorial Laico organizado por Serveis Funeraris de Barcelona-Grupo Mémora para recordar a familiares y amigos a quienes este año despidieron con una ceremonia laica.

El ceremonial mezcla lecturas, poesía, una encendida de velas, canciones y relatos con palabras que pretenden sanar y ayudar a los allegados a superar el duelo y acompañarlos para traducir el dolor y la tristeza en recuerdo. Desde hace algunos años, las imágenes de aquellos que nos dejaron protagoniza la parte final del encuentro.

Fotografías de hombres y mujeres en la montaña, al lado de su familia, el día de su boda, coronando un pico, en reuniones con amigos… Pese a que en ocasiones, alguien se quiebra por el dolor, la mayoría de los presentes se siente reconfortado por el espíritu de vida que transmiten, en las imágenes, quienes que ya no están aquí.

Se trata de un evento hecho con sensibilidad y especialmente próximo, también para aquellos que lo organizan y quienes viven los preparativos de cerca. 

Hoy, durante el ceremonial, una compañera de trabajo, al escuchar una de las Gymnopedies de Erik Satie me ha confesado: “Tengo decidido que ésta sea la canción que se toque el día de mi funeral”.   



domingo, 8 de junio de 2014

Ganas de compartir ilusión en Firagran

Aproveché para hacerle una foto con mi móvil mientras pintaba frente a un caballete situado en el patio del Museo Marítimo de Barcelona, que este fin de semana ha acogido Firagran, la feria de actividades dirigidas a personas mayores por donde han pasado miles de asistentes. Se llama Manuel y hace ya tres años que participa en el concurso de pintura rápida.

Este año decidió participar una vez más en esta convocatoria, pero sin demasiado afán de ganar, puesto que ya arrasó en sus dos primeras ediciones. Echó mano de su imaginación para plasmar con su paleta de colores algo que sus ojos no han podido ver nunca: la figura de la estatua de Colón frente a los pináculos de una de las torres de la Sagrada de Familia de Gaudí.

Esta tarde, al recibir el primer premio, patrocinados por Grupo Mémora, no podía dar crédito. “Lo hice sin muchas ganas, pensando que este año le tocaba ganar a otros compañeros. El año pasado una mujer de 80 años de edad se quedó sin premio, la pobre, y pensé que ya le tocaba a otro”, repetía sin cesar delante del público.

“¡Lo siento, pero eres la leche!”, le espetó el pintor Pere Torrent (Peret), el principal artífice de la decisión del jurado. En fin, este año Manuel se ha ido, un año más, con el galardón bajo el brazo, esto sí un poco más sorprendido que en otras ediciones por un premio que imaginó para otro.

Pintar, cantar, bailar, andar, compartir experiencias, aprender sobre alimentación y también sobre final de vida –actividades que estos días se han ofrecido de manera gratuita en el marco de Firagran- son oportunidades para envejecer en salud, pero la actitud de Manuel va un poco más allá. ¿Por qué qué es envejecer en salud si no puedes compartirlo con los tuyos?